Colocaron antimonumento para honrar a los migrantes

Ayer colocaron un antimonumento en Paseo de la Reforma para recordar a las 72 víctimas de la masacre de San Fernando, que ocurrió hace 10 años y a todas las personas  desaparecidas o asesinadas en México al tratar de llegar a Estados Unidos.

Aproximadamente a las 11 de la mañana, organizaciones civiles y familiares de migrantes empezaron a cavar en una de las jardineras que se encuentran sobre Paseo de la Reforma, donde quitaron un árbol y colocaron en su lugar una escultura de metal con un número 72 y un signo de más para honrar a migrantes que han sido agredidos en territorio mexicano.

 

Realizaron una ceremonia religiosa y los asistentes le pidieron perdón a los migrantes agredidos por no poder ayudarlos, mientras los organizadores de la manifestación subrayaron a 10 años de la masacre no han detenido a nadie por estos hechos violentos.

Ana Lorena Delgadillo, directora ejecutiva de la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho, mencionó que el antimonumento honra la memoria de los migrantes asesinados en agosto de 2010 en San Fernando, Tamaulipas, pero también de las violaciones de derechos humanos en todo el país, que permanecen en la impunidad.

Especialistas recordaron que las familias de las víctimas siguen esperando el apoyo del gobierno de México para que los restos puedan ser exhumados, identificados y devueltos al lugar de origen.

 

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) homenajeó a las víctimas de la matanza de San Fernando y aseguró dar seguimiento.

También el Papa Francisco recordó a las víctimas y ofreció solidaridad a los familiares que aún reclaman justicia, con la oración del Angelus, el sumo pontífice rindió homenaje a esas «personas de diferentes países que buscaban una vida mejor», masacradas entre el 22 y 23 de agosto de 2010 en el municipio de San Fernando.

Expreso mi solidaridad a las familias de las víctimas que todavía hoy invocan justicia y verdad sobre lo sucedido».

Papa Francisco

El crimen ocurrió a 150 kilómetros de la frontera con Estados Unidos, donde 58 hombres y 14 mujeres originarios de Guatemala, Honduras, El Salvador, Ecuador, Brasil e India, fueron secuestrados por el cartel de Los Zetas y se los llevaron a un rancho donde se les quería obligar a trabajar para el cártel, y al negarse los mataron.

Algunos migrantes tenían las manos atadas en la espalda y algunos presentaban señales de tortura.

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